10/31/2008
ALGO MUY PAUL AUSTER
Tarde lluviosa y cansada. Me siento en un vagón de metro y me pongo a limpiar viejos mensajes del móvil. De repente descubro algo inesperado. El sábado pasado, a las 4 de la mañana, un número de teléfono desconocido me envió una dirección desconocida. Y yo no había visto el mensaje (o no lo recordaba) hasta ayer. No decía nada más. Sólo una dirección de un piso en una calle de Madrid.
10/30/2008
HACE TIEMPO QUE YO YA NO SONREIA TANTO

Dos horas de concierto. De saltar. De un una despedida que fué una fiesta. De cantar la poesía de las letras hasta quedarte sin voz. De disfrutar cada momento y cada detalle. De sonreir mirando al escenario y tu alrededor. De alucinar con los metales, la guitarra, la batería. De colillas en el suelo apagadas de tanto callar. De reconstrucción (es el mejor momento). De ver en la oscuridad los pájaros negros. De amores valientes bajo el cielo de Madrid....
En resumen, que vaya conciertazo, para qué decir más. El fin de el amor valiente lo dice todo: "hacia tiempo que yo no sonreia tanto". Adios Xoel, y vuelve pronto.
P.D: la imagen es de Iller y sus maravilloso blog de dibujos para canciones
10/29/2008
10/27/2008
MATERIALES PARA UN BLOG (PRIMERA PARTE)
El espejo que me devuelve cada vez más despeinado. Las zapatillas gastadas de tanto buscarte. Altea. Mi primera guitarra. La playa de Gros en San Sebastián. Una tarde lluviosa de noviembre que probablemente sea mi cumpleaños. Algún nombre de mujer. Enamorarse. El olor del incienso. Los álbumes de fotos donde guardo mi vida. Autobuses rojos sin dirección. Las canas que me van saliendo. La Gran Vía de Madrid en Nochebuena mientras todo el mundo está cenando. Un poema de Ángel González. Mi viejo cuaderno de textos. La rambla de Barcelona deshabitada a las cuatro de la madrugada. El mensaje especial que guardo en el móvil. El desencanto. Una armónica que suena desafinada en una casa deshabitada. Un libro de Benedetti que se llama La Tregua. Películas de Medem. Viajar solo en un tren que recorre media España. Caballos al borde del mar. Volver a enamorarse. El olor a café por las mañanas. Una mirada que no se puede olvidar. La rabia que se convirtió en excusa. El dolor que se convirtió en rutina. Las estaciones. Una cena en el patio de mi casa del pueblo, mirando las estrellas. Un gato negro que mira a lo lejos. Tu voz. Los sueños que nunca se cumplen. Y siempre, de fondo, la memoria de aquello que se ha perdido...
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