7/27/2015

Tenía unos ojos. Dos, para ser exactos. Como todo el mundo, supongo. Pero qué ojos. Qué manera de iluminarlo todo. Era un lunes, y lo convertía en viernes. Era septiembre, y parecía navidad. Con regalos. O te rescataba del verano y te llevaba a una ciudad centroeuropea, donde no hacía calor, y todo era bonito a tiempo completo.
Pero no quiso viajar conmigo. Por suerte. Los dos sabíamos que me iba a hacer daño. Mejor así.
Que me duela sin llegar a tenerla.

2 comentarios:

Vicko dijo...

Hermoso! Como siempre. No hay forma de leerte sin llegar a sentir cada palabra como propia. Aunque uno no lo viviera jamás.
Nos vemos en el camino.

Vicko dijo...
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