2/04/2006

EL DESTINO QUE NOS LLEVA (2ª PARTE)

Si alguien no ha leído la primera parte, la puede encontrar justo debajo de esta. Se recomienda la lectura por orden, lógicamente.
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Vuelta a estar sola, y vuelta a la vida de escritora de éxito. La verdad es que no le costó mucho volver a acostumbrase a la vida solitaria. Se adentró de nuevo en un mundo de fiestas, firmas de libros, artículos para importantes semanarios y chicos más jóvenes que ella. La mayor parte del tiempo lo pasaba viajando y durmiendo en hoteles. La libertad que tenía la aprovechó para viajar a todos esos lugares con los que soñaba cuando era una niña: París, Londres, Nueva York...
¿Sería eso la vida? No lo tenía muy claro, pero seguía hacia delante, sin darle demasiadas vueltas a nada de lo que sucediera a su alrededor. No sabía si de esa forma era feliz, pero tampoco estaba mal, y con eso se conformaba.

Y de repente sonó el teléfono:
-Tus padres han tenido un accidente de coche.
Algo estalló en su interior y se quedó petrificada durante varios días. Tardó mucho tiempo en volver al mundo real. No entendía lo que había sucedido. Lo entendía nada de lo que había pasado con su vida en los últimos años. Hacía mucho que no había ido a visitar a sus padres, y se dio cuenta de que lo que estaba haciendo con su vida no era lo más correcto. Se sintió culpable y víctima al mismo tiempo. ¿Qué demonios era la vida? Desde luego que eso no.

Decidió quedarse un tiempo en el pueblo en el que había nacido, buscando por la casa el recuerdo de sus padres. El inmenso vacío de aquellas habitaciones la ahogaba por momentos. Pero tenía que quedarse allí, tenía que comprender antes de volver a la vida. Dejó de escribir, sólo despertaba cada mañana por si ocurría un milagro. Pasaba los días como quien pasa las hojas de un libro que no le gusta, pero que quiere terminar. Tal vez, la hoguera del tiempo borrara el recuerdo de los malos momentos.
Un día, cumpliendo la rutina que tanto odiaba, salió a la compra, y mientras esperaba en la cola del supermercado, encontró una cara conocida que le devolvió al pasado. Era aquel novio de la adolescencia al que dejó plantado cuando se fugó a la gran ciudad para cumplir su sueño de convertirse en escritora. Habían pasado muchos años, pero se reconocieron al instante. Durante varios segundos se quedaron mirando fijamente a los ojos, sin saber qué decir, hasta que él consiguió articular algunas palabras:
- ¿Y tú qué haces aquí?- le preguntó.
-Hacer la compra- respondió ella, dándose cuenta al instante de la estupidez que acababa de decir.

Y quedaron para cenar al día siguiente. Ella sonreía mientras se preparaba para la cita, recordando cómo fue la primera vez, lo nerviosa que estaba por haber quedado con el chico que le gustaba. Recordar aquella ilusión le hizo feliz durante unos segundos. Se vistió de negro, igual que en aquella primera vez. A veces recordar el pasado sí que merece la pena.
Se encontraron a la hora prevista y aquello fue como si no hubiera pasado el tiempo. Diez años sin verse quedaron en nada. Recordaron los días de verano, el sabor de los primeros besos, el miedo de la primera vez... y rieron, rieron como hacía mucho tiempo que ninguno de los dos lo hacía.

CONTINUARÁ...

3 comentarios:

nu dijo...

Me esta encantado el relato. ¡Estoy impaciente por seguir leyendo!

No nos hagas esperar mucho

;)

Amalthea dijo...

Hola! no tengo tiempo ahora para perderme entre tus letras.. Pero lo dejo pendiente para otro momento. Sólo pasaba para saludar y enviar un abrazo a Javi y Nuria...
Espero perderme-de nuevo- por vuestra ciudad...

Alholva dijo...

Todo iba bien hasta que ha tomado el camino del final feliz, piénsalo bien, tal vez una nueva desgracia pueda reconducir la historia.