9/09/2010

5:45 A.M

Mientras la ciudad duerme, las calles se iluminan entre párpados sonámbulos y gotas de agua. El mundo abre sus puertas y el kioskero siembra malas noticias. El primer metro traza una diagonal entre los defensas y nos marca un gol a todos. Me siento y escribo. Observo, como un espectador que mira el mundo desde afuera, sin que vaya con él la cosa. En la frontera entre el día y la noche, la gente sueña despierta y suplica una tregua de 5 minutos a los despertadores, que ejercen su tortura diaria y rompen en pedazos las sábanas. Mientras la ciudad duerme, y se recoge la basura, poca gente parece feliz, más bien maldicen su suerte de estrenar las calles cada día, mientras un alto porcentaje de sus congéneres aún habita el mundo de los sueños. Y yo, muriéndome de sueño en un vagón de metro, pienso en ti, y me declaro moderada y serenamente feliz.

2 comentarios:

sinmipermiso dijo...

Cuando la ciudad despierta, a veces, alguien ha dejado unas palabras que ayudan a ser indulgentes con el torturador :)

Jara dijo...

moderada y serenamente... qué sabio, oye... hace unos días culparon a la intensidad del final de una historia... aish.