Te escribo en las paredes
en las servilletas de los bares
en las puertas de los baños
en la arena de las playas
en los extractos bancarios
en el vaho de los cristales
en las pieles ajenas
en los blogs que no tienen nombre
en los foros de internet
en las páginas en blanco...
...y, maldita sea,
no encuentro forma humana
de que te dejes convencer
7/13/2008
7/10/2008
LAS POSTALES DE KAFKA
Cuenta la historia que hace muchos años, Kafka (el tipo que llegó a sentirse como un escarabajo) se encontró a una niña llorando desconsoladamente. La niña le explicó que lloraba porque había perdido la muñeca que le había acompañado durante toda su vida. Había buscado por toda la casa, por todo el barrio, y nada, ni rastro de la muñeca desaparecida.
Para calmar el desconsuelo de la niña, a Kafka se le ocurrió una mentira piadosa. Le explicó a la niña que la muñeca había decidido marcharse a recorrer el mundo, conocer otros países, encontrar otras culturas, y que no se había despedido de ella porque las despedidas la ponían muy triste. La niña apagó su tristeza pensando que la muñeca estaría feliz allá donde estuviera, y Kafka la convenció de que seguro que la muñeca se acordaría de ella cada día, y que quién sabe, a lo mejor le enviaría alguna postal desde los lugares remotos en los que la muñeca andaría buscando su felicidad.
Una semana después, la niña encontró una postal en su buzón. Tras la imagen de la Torre Eiffel, la muñeca le contaba que estaba muy feliz y que sentía muchísimo no haberse despedido de ella, pero que entendiera que no quería marcharse acompañada por la tristeza de la despedida.
Y desde entonces, puntualmente, cada cierto tiempo recibía una postal de la muñeca que había decidido marcharse a buscar su lugar en el mundo.
Kafka, lleno de ilusión, había decidido escribirle esas postales a la niña.
Para calmar el desconsuelo de la niña, a Kafka se le ocurrió una mentira piadosa. Le explicó a la niña que la muñeca había decidido marcharse a recorrer el mundo, conocer otros países, encontrar otras culturas, y que no se había despedido de ella porque las despedidas la ponían muy triste. La niña apagó su tristeza pensando que la muñeca estaría feliz allá donde estuviera, y Kafka la convenció de que seguro que la muñeca se acordaría de ella cada día, y que quién sabe, a lo mejor le enviaría alguna postal desde los lugares remotos en los que la muñeca andaría buscando su felicidad.
Una semana después, la niña encontró una postal en su buzón. Tras la imagen de la Torre Eiffel, la muñeca le contaba que estaba muy feliz y que sentía muchísimo no haberse despedido de ella, pero que entendiera que no quería marcharse acompañada por la tristeza de la despedida.
Y desde entonces, puntualmente, cada cierto tiempo recibía una postal de la muñeca que había decidido marcharse a buscar su lugar en el mundo.
Kafka, lleno de ilusión, había decidido escribirle esas postales a la niña.
7/09/2008
VIDAS EN VIVO

Fué un enorme privilegio. Hacía tiempo que no me emocionaba tanto en un concierto. Anoche estuve en la grabación del nuevo disco en directo de Pedro Guerra, en ese oasis rojo llamado Rivas que ya he visitado tres veces en lo que va de año. Y vimos cosas muy bonitas:
a una dulcísima Bebe susurrando una canción tan bonita como El Marido de la Peluquera, y qué manera de disfrutar del concierto, cantando cada canción con una sonrisa de oreja a oreja. Al gran Quique González interpretando una canción de amor eterno llamada 5000 años. Al mítico Luis Pastor emocionando con su Ángel Caído. A Ismael Serrano recordando a "Los Mejores", y sobre todo al maestro Miguel Ríos dando una lección de rock and roll simplemente con pisar el escenario.
Y las canciones de Pedro, con las que muchos hemos crecido desde que éramos niños. Canciones cálidas, que son como un abrazo en las tardes de invierno. Pasa, Daniela, Debajo del puente, Deseo, Contamíname, Mujer que no tendré. Y tantas y tantas. Espereraremos al Dvd
7/07/2008
LA FELICIDAD
.... me apetecía recuperar este texto.
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Cuenta la leyenda que antes de que llegara el hombre a la tierra, ésta era habitada por los duendes, unos pequeños personajillos que recibieron una enorme decepción cuando recibieron un chivatazo desde el más allá: pronto tendrían que compartir la tierra con los hombres. Entonces decidieron esconder el mayor tesoro que poseían: la felicidad. Para ello necesitaban encontrar un lugar de difícil acceso para los hombres, donde fuera difícil de encontrar.
Se pusieron a debatir y uno sugirió la luna, o el fondo del mar, pero pensaban que el hombre tendría inteligencia como para algún día llegar hasta allí y encontrarla. Otro propuso esconderla bajo la tierra, pero también lo descartaron, ya que el hombre seguro que excavaría entre ella.
Tras varias horas de discutir al respecto, a alguien se le ocurrió la idea de esconderla en un lugar donde el hombre nunca la buscaría....adentro del hombre mismo....
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Cuenta la leyenda que antes de que llegara el hombre a la tierra, ésta era habitada por los duendes, unos pequeños personajillos que recibieron una enorme decepción cuando recibieron un chivatazo desde el más allá: pronto tendrían que compartir la tierra con los hombres. Entonces decidieron esconder el mayor tesoro que poseían: la felicidad. Para ello necesitaban encontrar un lugar de difícil acceso para los hombres, donde fuera difícil de encontrar.
Se pusieron a debatir y uno sugirió la luna, o el fondo del mar, pero pensaban que el hombre tendría inteligencia como para algún día llegar hasta allí y encontrarla. Otro propuso esconderla bajo la tierra, pero también lo descartaron, ya que el hombre seguro que excavaría entre ella.
Tras varias horas de discutir al respecto, a alguien se le ocurrió la idea de esconderla en un lugar donde el hombre nunca la buscaría....adentro del hombre mismo....
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