10/07/2011

Desamor y Casualidad

Tuvimos una televisión de pantalla plana de 32 pulgadas

y una cuenta a plazo fijo en el banco.

Amamos como aquellos que saben que el mundo se va a acabar.

Tuvimos un sofá, unos cojines, un gato, y de vez en cuando, reíamos.

Nos emborrachamos juntos dos o tres veces por semana.

Tejimos nuestras dudas con hilo que nunca se acaba.

Aprendimos a pilotar aviones sin movernos de la cama.

Cada noche declárabamos la guerra a todos los relojes

y nuestros planes dejaban pequeños los calendarios.



Hasta que un día, de repente,

y sin que nadie lo esperara

todo se acabó.



Y nunca nadie anduvo tan triste en esta ciudad.

2 comentarios:

Adriana Gutiérrez Espinoza dijo...

Triste pero cierto, las cosas son como tienen que ser y hasta donde tienen que ser.
Obviamente es difícil aceptarlo. Sencillo, sereno y cierto tu escrito.
Saludos.

Vicko dijo...

Como dice Calamaro: "todo lo que termina, termina mal, y poco a poco, y si no termina se contamina mas". Es difícil cambiar la página, pero muchas veces no queda de otra.
Nos vemos en el camino.
Tchau