7/13/2011

Carta de despedida

Hola,

soy yo. Quizás me recuerdes sin necesidad de mirarme a los ojos. Soy aquel que aprendió a deshacer todas las certezas contigo. Con el que aprendiste a amar de la mano mientras el tiempo nos miraba y pasaba de largo subido en autobuses rojos de dos plantas. Y de todo, o de casi todo, dejé constancia por escrito, aquí. Un día anudé mis fronteras a tus párpados. Después, perdido y solo, ya no pude volar.
Ahora que todo fue tan cruel, quizás sea el momento de revelar las fotografías y, por fin, ver lo que no pudimos ver. Para eso, sólo debemos mirar en nuestro interior."Presenté mis credenciales a tu risa, y me clavaste una lanza en el costado". Y el tiempo, inexorable y cruel, hizo lo que yo no fui capaz de hacer. Con excesiva justicia, quizás. Aunque tarde, llegó. Igual que un tren de cercanías perdido en la ciudad sin nombre. Eras una luz y te apagaste. Y en medio de la oscuridad por fin aprendí a encontrarme. La ceniza de lo inexorable acunó las dos realidades que éramos tú y yo entre la niebla. Duele el pecho. Lo sé. Pero pasará. Como todo.

Hoy presento mi dimisión como creyente en la certeza de los sueños. Se acabó. Ya no volveré a pensar en ti. Ahora nace un nuevo yo. Y volveré a sonreír si algún día me hablan de ti. Suerte.

6 comentarios:

N dijo...

Párpados bonitos en los que anidar.
Un beso.

Btrz - eai dijo...

puf me encanta

susy luk dijo...

que bonito!
animo!

Vicko dijo...

El lado bueno de todo eso malo que nos pasa, es que nos hace renacer.
Nos vemos en el camino.
Tchau

Rodolfo Serrano dijo...

Una preciosidad.

LMdC dijo...

Todavía cuando te leo sigo cuestionándome si escribes al azar o escribes sobre tu propia realidad ... sea cual sea ... el texto es precioso, lo que me cuesta creer es que hayas tardado casi una año en darle carpetazo a aquello ... aún así hay ciertas cosas que aunque queramos no las cura ni el tiempo ...

Besos de frío julio ...